21 Sep 2026

Historias de Cambio: Cuidar a quienes cuidan, el Programa de Salud Mental SAME

Introducción

En esta historia de cambio, conversamos con Rommy Ríos, gerenta de la Fundación Baltazar y Nicolás, y Mardyori Curi, coordinadora del Programa de Salud Mental SAME. Desde hace 15 años, la Fundación trabaja en el Perú fortaleciendo el vínculo afectivo y el apego seguro entre niñas, niños y sus familias. Frente a la grave crisis emocional evidenciada durante la pandemia, la institución diseñó el Programa SAME, una iniciativa preventiva que desde 2021 acompaña a madres y cuidadoras para transformar el desgaste emocional en espacios de contención y empatía.

Puntos clave

  • La génesis del Programa SAME: los alarmantes hallazgos en el 2019 de la encuesta ECIC-19 sobre el impacto de la COVID en la vida de niñas, niños y sus familias, que motivaron una mirada diferente a la salud mental de las familias.
  • El modelo metodológico: Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), trabajo grupal vivencial y acompañamiento digital cercano.
  • La alianza con el Programa Nacional Cuna Más (MIDIS): articulación con servicios públicos territoriales sin generar sistemas paralelos.
  • Resultados e historias de alivio: reducción del estrés, flexibilidad psicológica y el paso hacia una crianza desde la ternura.

Accede a la entrevista completa en nuestra playlist de YouTube.

Contexto y desafíos

Durante la pandemia de la COVID-19, la Fundación Baltazar y Nicolás, en alianza con la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Asociación Copera Infancia, impulsó la encuesta continua de impacto de la COVID (ECIC-19) para comprender las preocupaciones de las familias con relación al cuidado y atención de las niñas y niños. Los resultados revelaron una realidad crítica: más del 80% de las madres, padres y cuidadores presentaban altos niveles de estrés y ansiedad, acompañados de un marcado aumento en la soledad percibida durante la crianza. La encuesta demostró que en el Perú, cuando la salud mental del adulto está en riesgo, aumentan las prácticas inconsistentes y metodos de disciplina con violencia: aproximadamente el 45% de los cuidadores recurre a los gritos y un 20% al castigo físico o psicológico.

El modelo del Programa SAME: Sanar en comunidad y con calidez

Frente a esta necesidad, en 2021 nació el Programa de Salud Mental SAME con el propósito de poner al cuidador en el centro de la atención. El programa se fundamenta en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), una aproximación clínica orientada a desarrollar la flexibilidad psicológica. En lugar de luchar contra emociones como la frustración o la sobrecarga, SAME prepara a las madres para acoger el momento presente y tomar decisiones guiadas por sus propios valores.

La metodología se despliega a través de pequeños grupos virtuales de 10 a 15 participantes, acompañados por psicólogos voluntarios. A lo largo de 10 sesiones semanales de 90 minutos, las madres participan en talleres vivenciales que rompen el aislamiento y desmontan la culpa maternal. El acompañamiento se complementa de forma accesible mediante WhatsApp, con infografías lúdicas, reflexiones y llamadas de seguimiento individualizado. Además, las cuidadoras aprenden la técnica “A.M.A.R.», una herramienta práctica para hacer una pausa consciente, autorregularse y brindar contención afectiva ante momentos de sobrecarga.

“Nuestras madres y cuidadoras en general sanan en comunidad […] El simple hecho de que se escuchen entre ellas y se digan ‘Oye, a mí también me pasa lo que a ti te pasa, ¿no? A mí también me pasa esto.’ Realmente para ellas internamente, en el mundo interno que ellas están viviendo, rompe el estigma y crea también a su vez un sentido de pertenencia bellísimo, ¿no?”, explica Mardyori Curi.

Principales cambios y transformaciones en las familias

Las evaluaciones de impacto del programa reflejan cambios profundos en el bienestar familiar. En los reportes más recientes de la intervención, cerca del 90% de las participantes redujo o mantuvo sus niveles de estrés y ansiedad, mientras que un 60% fortaleció sus capacidades personales de afrontamiento al estrés. En el trabajo conjunto con el Programa Nacional Cuna Más en Arequipa, aproximadamente el 83% de las cuidadoras desarrolló una mayor flexibilidad psicológica, o sea, la capacidad de autorregulación.

En el día a día, estos avances transforman lo que el equipo denomina el «clima emocional» del hogar, sustituyendo las reacciones impulsivas por pausas, abrazos y espacios de juego.

“La salud mental de una madre es como el clima emocional dentro del hogar. Si una madre vive bajo una tormenta constante […] es muy difícil evitar que este clima pueda afectar directamente la crianza, el vínculo, las interacciones”, destaca Mardyori Curi.

Detrás de las cifras se encuentran historias de profunda sanación personal. Ana María, participante del piloto de 2021, compartió al concluir sus talleres: “Me di cuenta de que la maternidad no es perfecta y sentí un alivio enorme al ver que no estaba sola”. Otra madre en Arequipa relató cómo el programa le enseñó a mirarse con compasión y comprender que debía cuidarse a sí misma primero para poder sostener adecuadamente a su hijo.

“Nada de lo que se proponga pensando en el niño va a funcionar si no tenemos adultos no solamente sensibles, sino también acogidos, comprendidos y escuchados para hacer justamente que esa carga no sea tan pesada”, afirma Rommy Ríos.

Escalamiento, alianza pública y mirada hacia el futuro

Desde su concepción, la Fundación Baltazar y Nicolás decidió no crear un sistema paralelo, sino sumar fuerzas con la red pública existente. Por ello, articuló una alianza con el Programa Nacional Cuna Más del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS), demostrando en un piloto en Arequipa y Cusco que cuidar la salud mental de las madres mejora directamente las interacciones con las niñas y niños. Gracias a estos resultados, el proyecto ganó la primera ventana de innovación social del MIDIS para ampliar su alcance dentro del programa estatal.

La propuesta destaca además por su alta costo-efectividad y escalabilidad, combinando la virtualidad con un modelo de voluntariado en psicología de alta fidelización y cero rotación. 

Paralelamente, fruto del trabajo de incidencia que la  Fundación impulsa a través de los resultados de la ECIC y su intervención en salud mental, se ha logrado  que el Ministerio de Educación incluya en los equipos de salud escolar a psicólogos que puedan ayudar a madres, padres y cuidadores en las orientaciones clave de la crianza. La visión a futuro contempla escalar paulatinamente la metodología SAME, poniéndola a disposición de los que operan en primera infancia para que complemente los servicios vinculados a la atención de la primera infancia.

El sueño y la aspiración de la Fundación es lograr la institucionalización del modelo SAME dentro de la estructura de costos y políticas del Estado. Al situar el bienestar emocional del cuidador como un eje indispensable del Desarrollo Infantil Temprano (DIT), la institución reafirma que cuidar a quienes cuidan es una condición básica para garantizar que cada niña y niño crezca en un entorno seguro, cálido y libre de violencia.

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